martes, 8 de febrero de 2011

La postura de israel ante el conflicto egipcio

Así es como vive la rebelión egipcia Israel, un país temeroso de las intenciones del Gobierno que reemplace a su amigo leal en la región, Hosni Mubarak, y que tiembla ante la perspectiva de quedarse rodeado de vecinos hostiles. Por eso, los israelíes esperan con ansiedad eldesenlace de la revuelta egipcia, que determinará en buena medida el lugar de Israel en la región e incluso en el mundo.

Los temores de la clase política son compartidos por el israelí de a pie, admirador de la cultura egipcia, que teme perder además el acceso a uno de sus destinos turísticos preferidos. “No es que lo observemos con atención, es que lo estamos viviendo. Es nuestra frontera sur y lo que pase allí nos afecta directamente”, explica una fuente oficial israelí que prefiere no desvelar su identidad. El primer ministro israelí ha ordenado que nadie del Gobierno se pronuncie en público sobre la revuelta egipcia, lo que da una idea de la preocupación con la que se vive el fin de un statu quo que ha durado 30 años y que le ha permitido a Israel no tener que preocuparse por lo que pasara en su frontera sur.

Egipto es, junto con Jordania, el único país del mundo árabe que ha firmado un tratado de paz con Israel. La paz, en el caso de Egipto, ha ido mucho más allá del cese de hostilidades. A pesar de que la población egipcia desaprueba tanto como la del resto de la región la política israelí en los territorios palestinos, el Gobierno de Mubarak ha ejercido de amigo fiel para los israelíes. La colaboración con Israel y también con Occidente como mediador en el conflicto israelo-palestino será difícilmente reemplazable, cavilan ahora en los despachos israelíes. “Por eso le hemos apoyado hasta el final, porque a un amigo no se le abandona en los momentos difíciles. En Israel no se entiende el cambio de rumbo de la Casa Blanca”, sostienen las mismas fuentes.

El origen de los temores radica en que la revuelta de Egipto termine por encumbrar a los Hermanos Musulmanes y que el cerco islamista, dicen, se estreche sobre los israelíes. Hezbolá avanzando posiciones en el Gobierno libanés, Hamás al frente de la franja de Gaza y ahora en la frontera sur, piensan, Egipto. No es que crean que Egipto vaya a tener un Gobierno islamista de la noche a la mañana, pero sí piensan que a un Gobierno de transición comandado por Omar Suleimán, y favorable a los intereses israelíes, le puede suceder uno menos complaciente. Y que en cualquier caso la pérdida es irreparable. “Nunca va a ser lo mismo”, se lamenta Eli Shaked, embajador de Israel en Egipto entre 2003 y 2005. “Aunque se quede Suleimán. Habrá reformas y el poder y la composición del Parlamento será otro, con mayor presencia de las voces antiisraelíes”, piensa Shaked.

La trayectoria de Irán, el archienemigo israelí, es otro de los grandes fantasmas que circula por el país. “Lo que tememos es que en Egipto se repita lo que sucedió en Irán, donde una oposición moderada dio paso a los extremistas actuales”, indican las fuentes oficiales. Expresó esos temores con claridad la semana pasada el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en una de las escasísimas declaraciones oficiales: “Nuestro miedo es en qué pueden desembocar. Que puedan dar lugar a regímenes represivos del islam radical como ya ha sucedido en varios países, incluido Irán”. De poco sirve que análisis tras análisis los historiadores y académicos recalquen que los Hermanos Musulmanes no aspiran ni pueden hacerse con el control absoluto de un país, en el que ha sido la población más laica la que ha impulsado la revuelta. Ha sido solo más tarde cuando los islamistas se han subido al carro. Y que, en cualquier caso, los Hermanos no son lo mismo que Hezbolá ni que Hamás y mucho menos que Irán.

El miedo no entiende de razones, tampoco en Israel. Para el israelí de a pie, las noticias que llegan de su vecino del sur también son motivo de preocupación y por el eso el seguimiento de los acontecimientos es exhaustivo. Los manifestantes de la plaza de la Liberación cairota se cuelan en la primera página de los diarios desde el estallido del día 25 de enero. Este dato es significativo, en un país que tiende a mirar para dentro y a no prestar demasiada atención a lo que ocurre en el resto del mundo. El miedo sin embargo convive para muchos con el apoyo a la revuelta en pro de la democracia y de las libertades. Desean lo mejor para sus vecinos, a los que visitan en masa durante las vacaciones. Egipto es uno de los pocos países árabes que los israelíes se atreven y que les está permitido pisar. Reflejaba ese sentimiento Roy Arad, un artista israelí en una columna que publicó el diario Haaretz. “No tengo claro por qué debemos tener miedo, o de dónde sale la arrogancia de la gente para pensar que la democracia es sólo un juguete para Occidente. Este momento tenía que llegar. No debemos sorprendernos ni tener miedo, tan solo preguntarnos por qué no ha ocurrido antes”.


Ana Carbajosa, Jerusalén / El País de España | Elespectador.com

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